volver a inicio
Por Pedro Nel Gómez
Por Curaduría del Museo de Antioquia
El mural al fresco que realicé en el Edificio de la Cámara de Comercio de Medellín, tiene características especiales frente a las numerosas obras que he ejecutado en el país. Sus dimensiones son excepcionales: 24 metros de longitud con una altura de 4.40 metros; esta superficie es única en los muros verticales que he pintado.

Dada estas dimensiones, me hallé ante un problema para crear una composición realmente monumental en este gigantesco “formato”.
Este mural está localizado en una gran sala, con amplios campos de visibilidad. En el centro de esta sala se hallan dos grandes columnas que me permitieron por primera vez colocar dos grandes altos-relieves en mármol que con el mural al fondo forman una sola unidad de conjunto.

Con estas decoraciones artísticas, el edificio con su teatro, sus salas de exposiciones y sus oficinas y apartamentos forma un conjunto arquitectónico, sin paralelo ni semejanza con ninguna ciudad. Realmente esta donación de la Cámara de Comercio de Medellín a la ciudad, no será igualada en muchos años en nuestro país: Antioquia no decae.

Es en este edificio -caso único en América, tal vez en el mundo-, donde el artista liga un gran mural con dos tallas en mármol: dos altos-relieves, cada uno de 4.50 x 2.00 x 0.15 metros, colocados sobre sendas columnas frente al mural. Quiero con ello evitar al observador, la superficie muerta y fría de las columnas. En una talla esculpí a Mercurio, dios griego del comercio. En la otra, las tres figuras que representan las riquezas de la Patria: el café, el oro y el petróleo. Ambas tallas descansan sobre un pedestal.
Siguiente >
Para efectuar el mural, elaboré una maqueta de la sala en escala de 1/10. Luego de algunos estudios de divisiones armónicas, busqué una composición nueva. En primer término, dada la amplitud del gran salón y la altura de éste (24 metros de largo x 5.60 metros de alto), dividí el área en una sección AUREA ONDULANTE, es decir, repartí los ritmos de composición arriba y abajo en el amplio espacio de 24 metros. Ello me permitió variar, de acuerdo con el campo visual de la sala, las dimensiones de las figuras dentro de cada tema. Así inicié el mural, ligando las composiciones de la parte superior con aquellas de la parte inferior.

*Año de culminación del mural, 1979

Nació en Anorí (Antioquia) el 4 de julio de 1899. Fue Pintor, escultor, arquitecto y muralista. Desde 1912 inició su formación artística en el Instituto de Bellas Artes. En 1925 viajó a Europa y estudió en los museos de Holanda y Bélgica la pintura de Rembrandt y Vermeer. En la Academia de Bellas Artes de Florencia investigó sobre la técnica del mural renacentista. Después de adquirir este conocimiento comprendió que debía traer el desnudo al arte colombiano. Sus frescos ornan importantes sedes del país como el Palacio Municipal en Medellín, el Banco Popular de Cali y Medellín, el Banco de la República en Bogotá y la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia. Murió en Medellín el 6 de junio de 1984.
El mural de Pedro Nel Gómez en el edificio que la Cámara de Comercio de Medellín construyó entre 1972 y 1977 es una de las más ambiciosas obras del artista nacido en Anorí (Antioquia) en 1899 y fallecido en Medellín en 1984. Tiene 24 metros de largo por 5,60 de alto. Y es un ejemplo de su período tardío, del cual esta obra es la de mayor escala y, la de mayores pretensiones en relación con las posibilidades de integración entre pintura, escultura y arquitectura.

De igual manera, representa una síntesis de las concepciones sociales, estéticas y culturales del artista, quien esta vez actúa como un narrador visual de la historia económica antioqueña, para la cual elige hitos y símbolos que relaciona con referentes clásicos internacionales, para crear finalmente un microcosmos articulado por una simbología distintiva.
Es una obra en la que, quizás de manera más directa, él puede vincular sus preocupaciones ideológicas y estéticas con la interpretación pictórica de su región natal.
Se inicia con imágenes de chapoleras y cosechadores de café, prosigue con la minería subterránea y en río, la ganadería, el proceso de urbanización y culmina con la alusión a la Central Hidroeléctrica Peñol-Guatapé, una de las más significativas obras de la ingeniería antioqueña de la década del setenta (el mural fue culminado en 1978) y que vendría a representar el potencial energético de la región.

A su modo este mural, compuesto de tres partes divididas por altorrelieves que contienen referencias mitológicas al dios Mercurio, deidad del comercio, y a las riquezas de la patria, selecciona los elementos humanos por considerarlos fundamentales en la interpretación que se hace de la historia socioeconómica del departamento.
Siguiente >
Son, si se quiere, “emblemas”, los cuales son usados por el muralista para hacer una narración sintética que recoja los elementos esenciales y más reconocibles para el observador. Su propuesta plástica parte de una estrategia de homenaje o encomio, con la cual la tierra, su historia y sus hombres (los anónimos trabajadores y los dirigentes) terminan por completar una epopeya visual, destinada a servir de referente, no solo estético, sino también ético, al espectador.

Los temas del mural: raíces económicas y biológicas del desarrollo del departamento de Antioquia, son en sí mismos una tesis. Con ella, Pedro Nel Gómez se acerca a ideas filosóficas y sociológicas importantes en su época que buscaban resolver una pregunta por la identidad.
Ideas que planteaban también cómo el carácter emprendedor del antioqueño era el resultado de la interacción con un entorno paisajístico difícil, desafiante, que forjó su carácter y lo predispuso para vencer las dificultades y encarar el reto del progreso. De igual manera, la obra es un testimonio de varias ideas que circulaban en el ambiente intelectual de la época y veían en la moral del trabajador antioqueño la explicación para su vocación empresarial y sus logros evidentes en el desarrollo material de su entorno. El progreso humano es algo de orden material, en donde la ciencia ve manifestada su eficacia, sobre todo, como instancia transformadora de la naturaleza y aprovechamiento de sus recursos.


< Anterior   |   Siguiente >
Tales ideas aparecen en la obra de escritores y pensadores que reflexionan sobre la antioqueñidad desde la década del treinta. Entre ellos, están Fernando González con Los negroides y Luis López de Mesa con De cómo se ha formado la nacionalidad colombiana. También, podemos contar en este grupo a Cayetano Betancur y su Sociología de las virtudes y los vicios de principios de los años cuarenta, donde se compara el perfil psicológico del bogotano con el del antioqueño. Pero uno de los referentes más importantes en el último cuarto del siglo XX lo constituya el aporte de Luis H. Fajardo y su obra La moralidad protestante de los antioqueños, libro este último que publicado a finales de la década del sesenta, sirvió de inspiración a algunos intelectuales de finales del siglo XX para explicar, de manera un poco más analítica, la diferencia de los antioqueños con el resto de los habitantes del territorio colombiano.
De hecho, en este mural, Pedro Nel Gómez es más que un pintor americanista o nacionalista, como lo había declarado en décadas anteriores, y parece más interesado en los factores que habían propulsado el desarrollo industrial y comercial de una región en concreto, de la cual intentaba ser su artista representativo y una especie de portavoz estético. El artista, que incluso aparece autorretratado en algunas secciones del mural, es ahora quien logra registrar el sentido épico de la aventura antioqueña y quien tiene el papel de hacer su memoria visual. El resultado: un acontecimiento visual monumental que se presenta a quienes van al edificio a hacer diligencias y trámites relacionados con la actividad comercial. Un mural pensado para una lectura cuidadosa y dar una reminiscencia de los orígenes de la prosperidad económica, el cual habla de las profundas relaciones de la institución que encargó la obra con la promoción del arte y la cultura.
< Anterior   |   Siguiente >
Con esta obra, el artista pudo conseguir una de las mayores superficies de que dispondría en su vida para desarrollar su trabajo artístico, razón por la que pudo desplegar todo un ciclo narrativo del que se derivan otros núcleos históricos más pequeños. Es así como vemos repartidos grupos de actividades en cada una de las tres partes del mural. Mientras a la derecha tenemos en primer término la actividad ganadera y luego la referencia a la urbanización y a la industria, representada esta última en el cuarto de máquinas de la hidroeléctrica recién construida, en el centro vemos la referencia a la minería y a las migraciones antioqueñas, dos de las características distintivas de la configuración del grupo humano al que se propone representar. A la izquierda, vemos la imagen de las actividades económicas fundacionales: primero, la recolección del café y, luego, el ingreso de los mineros semidesnudos a los socavones de donde extractan los recursos.
Como en todos los casos, el hombre está en una fusión con la tierra, la cual se expresa en una coloración de la piel de los personajes que los hace parecerse al barro. En este contexto visual, es necesario expresar que el hecho de que la inmigración aparezca en el centro, no es casual. Es obvio que en la capacidad del antioqueño para partir a la conquista de nuevas tierras, ve Pedro Nel Gómez, no solamente el rasgo distintivo del antioqueño por antonomasia, sino también uno de los elementos que más aporta al progreso de la nación.

Cabe aclarar que, pese a la insistencia de Pedro Nel Gómez en rechazar el ideal de belleza corporal clásico, en su mayoría, las figuras son tipos y no personas reales, y que, aunque acentúa aspectos de la raza y su configuración corporal, no está hablando de personas específicas.

< Anterior   |   Siguiente >
De hecho, aunque en la sección de la derecha aparece un grupo de hombres representativos (industriales, dirigentes y comerciantes) y que el artista también se retrata a sí mismo, tales figuras encarnan ideas, tipos humanos a los que el muralista sitúa como los verdaderos protagonistas de la gesta que está contando. No son clases sociales en un sentido moderno y ni siquiera tipos raciales (pese a que ya en ese momento la discusión sobre la raza y la identidad era muy importante para los artistas, escritores e intelectuales de la época), sino verdaderas series de seres humanos determinados por su modo de relación productiva y por su capacidad para ganar su sustento diario. En este caso, el homenaje se concreta en el barequero (uno de los tipos predilectos del artista), en el recolector de café y en el obrero del cuarto de máquinas, quienes recogen todas las facetas del mundo del trabajo en las etapas históricas de su manifestación.
De hecho, una de las tesis centrales de la obra es cómo la fuerza del trabajo se expresa de diferentes maneras en el antioqueño, aunque su origen sea el mismo. De la misma manera, aunque detectamos en la composición un espacio que parece aludir a algo real, encontramos más bien un ámbito simbólico, aunque típico y característico, con el cual el artista quiere contarnos una historia protagonizada por un grupo humano concebido como “pueblo” y no como suma de individualidades.  Mientras en la zona izquierda del mural vemos un cultivo de café en la parte superior y unos socavones en la parte inferior, también notamos que aparecen personas durmiendo, de pie o sentadas, sin que estas acciones sean coherentes con las actividades de trabajo que dominan la composición.

< Anterior   |   Siguiente >
Tales figuras secundarias están allí, en un espacio indeterminado, para simbolizar por ejemplo, a través de la mujer desnuda que yace en el suelo con su hijo, una pregunta por el futuro y por la fecundidad o una visión de la historia y las transformaciones sociales. Algo semejante ocurre en otras zonas de esta parte de la composición, pues en el lado derecho en su parte inferior, aparecen de pie algunos de los precursores de la industria minera, que solo tienen una proximidad simbólica con los mineros de al lado. Están ahí, junto a los obreros, para indicar que esa primera actividad espontánea luego se convierte en empresa organizada que expresa la capacidad de racionalización humana.

Lo mismo ocurre en la sección central, donde la migración aparece en la zona superior y las barequeras aparecen en la inferior.
Por ello, la orilla que separa la tierra del río es solo un recurso para conectar verosímilmente ambas escenas y no para hablarnos de alguna contigüidad física. En este caso, el artista recurre a una de las estrategias más importantes en la historia del fresco: presentar dos escenas diferentes (ubicadas tal vez en distintos momentos del tiempo) que se muestran en una especie de relación de causalidad.

Este análisis puede extenderse también a la sección derecha del conjunto, donde la escena de los hombres notables que están parados ante la ciudad, la escena de la ganadería (actividad solo trabajada por el artista en este mural) y la escena laboral del cuarto de máquinas de la hidroeléctrica están unidas, más bien, por una vecindad conceptual que por una vinculación topográfica. De hecho, hay una especie de tronco de árbol que separa bruscamente dos de las escenas.
< Anterior   |   Siguiente >
Una vez más, la ubicación de los personajes en ese espacio debe entenderse como una insinuación en el terreno de las ideas y no como una reproducción de un acontecimiento real: los hombres que están ante la ciudad no aparecen allí para pintarnos una escena, sino para mostrar la responsabilidad de ingenieros (representados en Juliano, el hijo del artista), comerciantes (recogidos en Miguel Vásquez, primer presidente de la Cámara de Comercio), banqueros, dirigentes y hombres notables con el crecimiento de la ciudad y su protección como centro civilizador.

El tratamiento de la figura humana y el paisaje es también distintivo del estilo de Pedro Nel Gómez. Notamos, en el primer caso, como los cuerpos han sido trabajados como masas cromáticas ocres, que nos recuerdan la tierra a la que pertenecen y con la cual están indisolublemente fundidos.
Las imágenes de estos seres se apartan de los modelos clásicos de belleza occidental y se acercan al aspecto de los cuerpos mestizos y rotundos que el artista vio, quizás desde los primeros años de vida, en su pueblo natal. De la naturaleza, también se subrayan los aspectos que pueden ayudar a reforzar la idea del antioqueño que somete la tierra y la hace producir. Terrenos fértiles para la agricultura, praderas para la ganadería y tierras barrosas, fecundas en minerales, aparecen aquí con similar importancia a la que tienen los cuerpos humanos. Por lo mismo, en la culminación del ciclo, representada en la sección derecha del mural, el hombre ha conquistado las entrañas de la tierra, no con los métodos artesanales que aparecían en la sección izquierda, sino con una técnica avanzada que le ha permitido desentrañar sus secretos y extraer de ella la valiosa energía eléctrica.

< Anterior   |   Siguiente >
Por todo lo dicho anteriormente, el mural nos transmite una idea de integración, en la que hombres y mujeres de distintas épocas y contextos parecen cantar al unísono los esplendores de la civilización desarrollada por los antioqueños. Campesinos y citadinos, trabajadores humildes y empresarios, hombres y mujeres, pastores, obreros, mineros, recolectores, comerciantes y dirigentes cooperan en el sostenimiento de una región a la que se pretende engrandecer artísticamente mediante una obra pública como la que ofrece un mural celebrativo y optimista.





























< Anterior
texto
Titulo
Descripción
Textos: Maestro Pedro Nel Gómez