• ico-buscar
  • ico-usuario

Ene 08, 2020

Economía colaborativa, forma de hacer negocios que reta a reguladores

Economía colaborativa, forma de hacer negocios que reta a reguladores

Por: Duglas Balbín Vásquez, periodista.

Diariamente, para ir al banco donde hace sus prácticas profesionales, María Fernanda Tous viaja en vehículos particulares, con otras personas no siempre conocidas y sin necesidad de pagar. Antes, el trayecto lo hacía en bus o taxi, tardaba más y desde luego pagaba.

María Fernanda es usuaria de la aplicación Try My Ride, creada hace seis años por el ingeniero industrial Andrés Felipe Silva con la finalidad de promover la movilidad sostenible y colaborativa entre empleados de diversas instituciones.

A través de esa herramienta, colaboradores de 45 organizaciones de Barranquilla, Bogotá, Cali y Medellín están optimizando el uso de activos que, como los vehículos, muchas veces circulan con un solo ocupante. Y el beneficio es para todos, señala María Fernanda, ya que el conductor no viaja solo, sus acompañantes ahorran y se generan círculos de amistad y de confianza. Además, “hoy la mentalidad de las personas ha cambiado y piensan más conscientemente en el planeta”, subraya, para indicar que el uso compartido del carro implica beneficios ambientales.

Ese, a su vez, es un elemento de mucha importancia para cualquier organización que piense en sostenibilidad. Por eso Try My Ride es buen instrumento, confirma Andrés Felipe Silva. “Estamos acompañando a las empresas, universidades y otras instituciones para que, a través de la tecnología, puedan resolver un problema como es la movilidad de sus colaboradores”, enfatiza.

Pero esa plataforma no solo induce a compartir el vehículo, sino también a caminar y a viajar en bicicleta. Ya tiene 50 mil usuarios, que han hecho 450 mil viajes en carro compartido, casi 100 mil en bicicleta y 60 mil caminatas. Saber esas estadísticas es otra ventaja de este esquema típico de economía colaborativa porque, según Andrés Felipe Silva, permite entender los hábitos de movilidad de los usuarios y ayuda a facilitarles la vida.

¿Cuál es el negocio para Try My Ride? Las instituciones con que firma convenio le remuneran en la medida del éxito, que está relacionado por ejemplo con las toneladas de Co2 no emitidas gracias al cambio de hábitos de sus colaboradores. Una cifra hasta ahora equivalente al impacto de la siembra de 25 mil pinos silvestres. Y eso indica de qué manera esas organizaciones están gestionando el impacto ambiental y mejorando la calidad de vida de sus equipos de trabajo de la mano de un tercero.

Y así como Try My Ride, otras plataformas están cambiando los negocios bajo el modelo colaborativo, no solo en el área del transporte: también en las de servicios financieros, de alojamiento, viajes, turismo, domicilios, salud, educación, cuidado de mascotas, entre otras. Y están retando a los actores tradicionales, a los consumidores y a las autoridades.

Entorno legal para la economía colaborativa en Colombia

En algunas actividades, como el servicio de transporte de pasajeros, en la de domicilios y en alojamientos, hay polémicas en varios países por los vacíos legales que existen para la operación de negocios colaborativos basados en plataformas digitales. Y específicamente hay cuestionamientos por lo que implican en términos de competencia, derechos laborales y obligaciones tributarias.

El abogado y docente de la Universidad Javeriana, Pablo Márquez, reconoce que en el país evidentemente desde el punto de vista legal la economía colaborativa tiene una enorme dificultad, asociada a que el sistema regulatorio actual está pensado en modelos de negocio no colaborativos. “En términos estrictos, la mayoría de los negocios colaborativos no está regulada; por ello hay insatisfacción en los sectores regulados porque consideran que existe un desequilibrio”, señala el especialista.

Sin embargo, tras insistir en que se trata de una ficha que no encaja en el rompecabezas regulatorio, Márquez comenta que no se puede cometer el error de tratar de moldear la ficha (la economía colaborativa) para que se ajuste a la regulación. “Cuando uno trata de acomodar lo nuevo al esquema que tenía para los negocios del modelo anterior, destruye los beneficios”, asegura. A cambio, sugiere reacomodar el rompecabezas para que las fichas que están llegando quepan y todos los participantes puedan tener el mismo trato ante la ley. Con el caso concreto de las plataformas que estimulan el servicio de transporte en vehículos privados, el profesor Márquez propone que, como han hecho en otros países, hay que identificar qué desregular del transporte público y qué regular del privado para encontrar el balance adecuado. “En otros países eso ha llevado a que los dos sistemas compitan e incluso cooperen”, indica Márquez, quien afirma que en Colombia no se ha querido abordar el problema así para saber qué regular y qué desregular.

En tal sentido, vale señalar que hay un marco básico para todos los negocios. Edgar Iván León, doctor en derecho y docente en la Universidad Sergio Arboleda, recuerda que en Colombia, desde el punto de vista de la seguridad jurídica, la Ley 527 de 1999 estableció condiciones para darles validez a los mensajes de datos, las firmas digitales y al comercio electrónico. “Esta normativa permitió darles seguridad a todas las transacciones electrónicas que se puedan realizar en Colombia”, puntualizó el profesor León.

Desde otro ángulo, considerando la transición energética del país, los investigadores Ana Paola Gutiérrez, abogada y docente de la Universidad Externado de Colombia; y Juan Manuel España, ingeniero electrónico y electricista, e investigador del Centro de Pensamiento de la Universidad EIA, publicaron un documento en que plantean retos del regulador de ese sector, teniendo en cuenta que hay nuevos actores (los prosumidores) y surgen otras formas de hacer negocios. Y proponen algo que podría ser aplicable en otros sectores económicos: ante el dilema de regular o desregular, adoptar un mecanismo conocido como “arenera regulatoria”, que consiste en flexibilizar las reglas, “para pilotear tecnologías y modelos de negocio innovadores, que en condiciones normales no serían viables, debido a las restricciones propias de la industria”.

En octubre del año pasado, en el trigésimo quinto Congreso Nacional de Derecho Comercial, realizado por la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia y la Universidad Externado de Colombia, quedó claro que la economía colaborativa es dinámica y creciente, llega con nuevos bienes y servicios y permite la participación de más agentes. Aunque entraña riesgos, no se le puede obstaculizar con la regulación.