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Ene 07, 2020

El poder de las empresas

El poder de las empresas

Por: Lina Vélez de Nicholls | Presidenta ejecutiva



Que una ciudad, un país o una región hablen de crecimiento económico sostenible será posible solo si su base empresarial es sólida, comprometida, inversora, arriesgada y con una fuerte vocación hacia los mercados. No se entiende una economía en la que las empresas no estén operando en condiciones de formalidad para atraer y hacer fieles a más clientes tanto en su entorno natural como en los destinos foráneos. Pero esa tarea no es fácil.

De allí que el papel del empresariado sea clave y merezca el reconocimiento no solo de la institucionalidad y los gobiernos sino de la sociedad toda. De la clase empresarial entendida en su espectro más amplio -desde las más pequeñas unidades productivas hasta los más sofisticados conglomerados del comercio, la industria y los servicios- se derivan las condiciones de estabilidad que los territorios requieren: empleo, generación de riqueza, tributación para reinversión en salud, educación o infraestructura urbana, entre las múltiples necesidades de la ciudadanía. A manera de ilustración vale señalar que solo en Medellín y el Valle de Aburrá las empresas pagan 1,25 billones de pesos correspondientes al impuesto de industria y comercio, impuesto que recaudan las alcaldías y que invierten en la ejecución de sus planes de desarrollo.

La masa empresarial en Antioquia, una de las más dinámicas y crecientes del país por décadas, ya está conformada en cifras de 2019 por 202.738 empresas que acumulan activos por 785 billones de pesos. Según cálculos de Confecámaras, esas compañías generan 1´350.750 empleos formales, con el positivo impacto que ello genera para el sustento de ese volumen de familias y sus entornos, y para la materialización de sus proyectos y sueños de largo plazo.

Los empresarios transforman las economías y por ende las sociedades. Son ellos los motores de impulso de negocios emergentes basados en conocimiento y nuevas tecnologías que ya están retándonos y ofreciendo nuevos modelos de trabajo, exigiendo novedosas habilidades para la implementación de soluciones para otras industrias o para la misma sociedad, y al ritmo de esos empresarios es necesario montarse en la transformación para que el desarrollo -lejos de estancarse y quedarse relegado- avance al ritmo de unos mercados cada vez más globales, más competitivos, más exigentes. Los empresarios del país ya están asumiendo esa responsabilidad y liderazgo.

Y en ese universo empresarial dejo un apartado para destacar al grupo de las microempresas, que responden por 30 % del empleo formal creado por las empresas y en volumen son 9 de cada 10 existentes. Sus desafíos son distintos a los de la gran empresa y nos llevan a las instituciones de apoyo y fomento de esas unidades productivas a diseñar servicios de asesoría, fortalecimiento y acompañamiento para que puedan crecer y permanecer en el tiempo. De su sostenibilidad, producto también del tesón de sus gestores- depende en buena parte la estabilidad económica de la ciudad y de la región.

2020: desafíos para crecer

En este año 2020 la economía de Antioquia se enfrentará a retos que de ser sorteados adecuadamente, permitirán la consolidación de las empresas existentes y el ingreso al mundo de la formalidad de otras incipientes iniciativas empresariales. La Ley de crecimiento económico tramitada en el Congreso de la República en la última parte de 2019 ofrece mecanismos eficaces para promover la inversión y estimular la creación de empresas. La estabilidad jurídica que proporciona ese marco legal, da señales de confianza a los mercados y establece unas reglas de juego equitativas para un armónico desarrollo de los negocios. Además, en el caso de la mencionada Ley, incorpora medidas para facilitar y reducir trámites asociados a la gestión empresarial, entre ellos los relacionados con tributación y obligaciones pensionales.

Asimismo, se espera alcanzar este año una ejecución cercana a 70 % en los proyectos de infraestructura de cuarta generación que pasan por Antioquia y avanzar en la construcción y puesta en operación de esos corredores representa la apertura de oportunidades de competitividad para que los empresarios agilicen sus procesos logísticos, reduzcan costos y ganen oportunidad en la atención de las demandas de sus clientes en Colombia y el exterior. Será necesario estar atentos a cómo con creatividad se diseñan salidas para la construcción de los tramos que aún están desfinanciados y que son necesarios para cerrar con éxito las conexiones de Antioquia con el mar en Urabá y con el sur occidente del país.

Por último, será también clave en 2020 continuar los diálogos incluyentes, plurales, diversos y bien informados en torno a la minería en el departamento, un territorio que históricamente ha tenido en esa actividad buena parte de su oferta exportable y que hoy enfrenta oportunidades de atracción de inversión extranjera pero siempre cuidadosos con la protección del ambiente, de los ecosistemas, de los bienes culturales y de las comunidades en general.

Desde la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia dejamos un sentido y sincero reconocimiento a los empresarios que construyen la sociedad que somos, a los cuales nos acercamos para acompañarlos y ayudarlos a crecer y por los cuales nos articulamos con las instancias de decisión en la región y el país para proveerles un entorno competitivo que les ayude a hacer más y mejores negocios y generar riqueza que se verá reflejada en beneficios para toda la sociedad.