Jun 25, 2019

Finca Hotel La Guadalupana: una casa de puertas abiertas

Finca Hotel La Guadalupana: una casa de puertas abiertas

La que fuera una residencia familiar se convirtió en un emprendimiento turístico que hoy se caracteriza por la personalización y el buen servicio.

Doris Bernal y Jaime Saldarriaga llevan 33 años juntos. Aunque ella es de Carolina del Príncipe y él de Tarso, las familias de ambos fueron a dar a Barbosa. Allí se conocieron y enamoraron mientras cursaban el bachillerato. Uno de los sueños de la pareja era tener una finca para descansar y pasar su años juntos, y lo materializaron pronto. Desde entonces han pasado 25 años.

El propósito de la finca cambió cuando Jaime se quedó sin empleo luego de 20 años de servicio. Su hija Paula Andrea Saldarriaga, quien es egresada del SENA como técnica en turismo, vio en la finca de sus padres un área potencial para establecer el hotel. “Ella nos motivó para que convirtiéramos la casa en Finca Hotel y nos pusó en contacto con personas que ya tienen experiencia en el campo”, dice Jaime sobre La Guadalupana, como decidieron llamarla.

La operación como Finca Hotel empezó hace siete años, cuando acondicionaron los espacios del segundo piso de su finca para atender a los huéspedes que los visitan en la vereda Buga, de Barbosa. “Nuestra atención es personalizada. Es por eso que en nuestras habitaciones caben máximo 8 personas para poderlos atender a todos como se merecen”, cuenta Doris.

Siempre legales


Desde sus inicios, La Guadalupana siempre ha procurado tener todo en regla, cumpliendo a cabalidad con la normatividad. En ese proceso el acompañamiento de instituciones como la Cámara de Comercio ha sido clave porque les ha permitido formalizarse y fortalecerse. “El apoyo de Cámara de Comercio ha sido vital. Además de las facilidades para hacer los trámites de manera virtual, nos han brindado capacitaciones”, dice Jaime.

A pocos minutos de la autopista que conduce a Medellín, la Finca Hotel La Guadalupana se destaca por su confort y la tranquilidad que brinda a las personas que vienen de la ciudad. Dentro de sus atractivos están el río, los jacuzzis, el sauna y las caminatas ecológicas en la montaña por caminos prehispánicos. Doris agrega que: “La gente busca el contacto con la naturaleza y la vegetación para relajarse”.

Para los dos es un orgullo decir que la mayoría de los que los conocen y se hospedan en su Finca Hotel “quedan amañados”. Pese a no ser una finca muy grande, el espacio, el calor humano y la buena atención hacen de este un entorno acogedor y familiar. “Nosotros nos mantenemos gracias al voz a voz. Todo el que viene va y le cuenta a otros su experiencia”, expresa Doris.

El motor de ellos con el negocio es su hija. Pensar que puedan dejarle un patrimonio estable para su futuro y tomar las riendas de la finca es lo que motiva a esta pareja a continuar trabajando todos los días por su emprendimiento familiar.