Mar 20, 2019

Finca Hotel Los Arrayanes: una casa de puertas abiertas

Finca Hotel Los Arrayanes: una casa de puertas abiertas

En el municipio de Andes una finca productora de café se convirtió en un cálido hotel que ofrece una experiencia inmersiva en el mundo del grano más representativo de Colombia.

“En esta casa nadie será forastero. Caminante: siempre habrá un sillón, una cama, un vaso para tu fatiga”, relató Manuel Mejía Vallejo cuando describió La Casa de Las Dos Palmas. Una imagen que también podría caracterizar a la Finca Hotel Los Arrayanes, esa bella casona que queda cruzando el Río Tapartó, justo en los límites entre Andes y Betania.

La propiedad fue transformada por Alberto Echeverri y Nubia Restrepo, quienes junto a Isabel Cristina, su hija, decidieron convertir la finca cafetera tradicional en un lugar para el descanso en familia con espacios donde la naturaleza fuera protagonista y la cultura cafetera el eje central.

Los Arrayanes ha pertenecido a la familia Restrepo desde hace varias generaciones. Cuando murió don Enrique Restrepo, el padre de Nubia, don Alberto Echeverri decidió hacerse a la finca que luego se convertiría en un hotel. “Empezó en un momento en el que la caficultura estaba en crisis. Nosotros decidimos aprovechar las instalaciones para impulsar el ecoturismo. Fue una forma de diversificar los ingresos de la familia”, recuerda doña Nubia.

Ellos dos y un par de empleados más empezaron el negocio en 1995. Abrieron de par en par las puertas de la casa para recibir a los turistas como si estuvieran en su propia casa. Arnubio Pulgarín, es uno de esos colaboradores que está desde el principio oficiando como jardinero. Dos décadas después, su prioridad es ofrecer una atención de primera y enseñarles a los visitantes sobre la naturaleza que rodea a este paradisiaco lugar.

Seis años después de la apertura, Isabel Cristina, la hija mayor del matrimonio entre Nubia y Alberto, se metió de lleno al proyecto familiar. “Cristina es nuestra mano derecha. Ella se ha dedicado a este proyecto, es como su vida. Como administradora, lo ha sacado adelante”, dice doña Nubia.

La filosofía de Los Arrayanes se ha mantenido intacta durante más de 20 años: lograr que cada uno de los visitantes se conviertan en amigos, casi que en familia. Y así lo evidencia su calificación de 5 sobre 5 en Tripadvisor, la principal página de internet de viaj

Paso a paso

La ampliación de las instalaciones se dio paso a paso: después de la habilitación de la casa como hotel vinieron la piscina, la fonda y más habitaciones para el confort de los visitantes. Cuando empezaron, recibían unas 12 personas cada semana; hoy con el crecimiento pueden alojar cerca de 80 personas y en los días de sol han llegado a tener hasta 200 turistas en sus instalaciones.

En ese proceso, Isabel Cristina y su familia destacan la importancia de instituciones como la Cámara de Comercio, el SENA y la Gobernación de Antioquia, que han guiado a la empresa en el camino a la formalización. “Nos ha permitido entender como empresarios cómo se desarrolla un proceso productivo que nosotros no conocíamos. Y con el tiempo hemos seguido fortaleciéndonos y capacitándonos”.

Un aspecto importante es que, aún con su acelerado crecimiento, la finca no ha perdido su vocación cafetera. De las 17 hectáreas que tiene el lote, 13 están cultivadas con el grano. Y es que allí el café es tan importante que dio origen a un museo en el que los visitantes pueden conocer la historia alrededor de este grano y bebida.

El museo recorre la historia desde el descubrimiento del grano en África y hasta la actualidad. Alberto Echeverri, con sus historias y conocimiento, fotografías antiguas, empaques de café de otros lugares del mundo, elementos como trilladoras, tostadoras y otros que utilizan los caficultores en su oficio, relata a los visitantes el proceso desde la semilla hasta la taza.

Y es que él le ha dedicado gran parte de sus años al café. En su hoja de vida está el haber sido funcionario de la Federación Colombiana de Cafeteros. “Yo soy un caficultor por tradición, mi padre también lo fue y yo llevo muchos años metido en esto y no me quiero jubilar”, relató don Alberto.

En Los Arrayanes los visitantes también pueden conocer más de cerca el proceso de cultivo, recolección y producción del café siendo Cafeteros por un día. “La idea es que las personas se vayan con todo este conocimiento y puedan apreciar mejor la bebida que se toman todos los días”, comenta el fundador. Esa misma taza de café que comparten con sus huéspedes es cosechada en Los Arrayanes.

Isabel Cristina sueña con poder transmitir este legado familiar a sus hijos, tal como lo hicieron sus padres, y que ellos se enamoren de esta tierra para que mantengan vivo el legado generacional. “Vivimos siempre en junta directiva. Estamos todos juntos apoyándonos y mirando cómo mejorar todos los días. Somos una familia y una empresa que lucha por consolidarse todos los días”.

Una idea que comparte con su padre, quien sueña hacer de Los Arrayanes un lugar sostenible y un espacio de conservación de la naturaleza y el río. "Esta empresa es como un legado familiar. Algo que venimos construyendo desde hace varios años y queremos que prospere de generación en generación".