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Ene 07, 2020

La nueva agroindustria regional tiene vía libre por las Autopistas

La nueva agroindustria regional tiene vía libre por las Autopistas

Por: Francisco Javier Arias R., periodista



Es un hecho reconocido que la economía antioqueña está cambiando su vocación y cobran un menor protagonismo la producción y exportación de textiles y confecciones y otras manufacturas.

Varios analistas y académicos consideran que llegó el momento de repensar el futuro de la economía regional, basada en una nueva industrialización rural, aprovechando el potencial que presentan las Autopistas para la Prosperidad.

Con las Autopistas 4G que se construyen en Antioquia serán intervenidos 108 municipios en las regiones de Suroeste, Occidente, Urabá, Magdalena Medio, Nordeste y Bajo Cauca, en los cuales se concentra 75 % del área rural del departamento.

Antioquia participa con el 17,7 % de las exportaciones totales del país y las exportaciones industriales representaron 4,5 % del PIB regional en los últimos cinco años, según datos de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, pero el reto es vender con mayor valor agregado.

Con las Autopistas en operación, se calcula que el PIB regional crecerá del 4,6 % al 6,0 % anual y el comercio aumentará un 5 %, con unas 45.000 toneladas por semana, como resultado del aumento de 85 % de la producción agrícola, hasta unas 250.000 toneladas por año, según un estudio de la Universidad de Antioquia.

“Las Autopistas para la Prosperidad pueden impulsar la operación de centros de desarrollo agrícola en varias regiones… El Departamento tiene una deuda con la generación de estrategias para propiciar este desarrollo”, considera Jaime Echeverri Chavarriaga, vicepresidente de Planeación y Desarrollo de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia.

La misma Cámara de Comercio tiene identificado el potencial de desarrollo industrial de varios productos: café y cítricos, en el Suroeste; cacao, en Urabá, Bajo Cauca, Nordeste y Magdalena Medio; y café y frutas en el Occidente. Otros productos, con amplias áreas sembradas en Antioquia, muestran buen potencial: caucho (14,4 % del área del país), aguacate (17 %), fríjol (11,7 %), plátano (13,2 %) y banano (41,8 %).

Y agrega: “el desarrollo de productos con alta tecnología y la identificación de territorios verdes y sostenibles –cercanos y aledaños a las Autopistas-, muestran un gran potencial de desarrollo y una oportunidad de transformación y especialización de la industria antioqueña”.

Solo el consumo mundial de la fibra de cítricos (bagazo de la naranja o la mandarina) ha crecido a una tasa anual de hasta 5 % y podría estabilizar ese crecimiento en 4,6 % hasta 2022 (utilizada en producción de textiles, aceites esenciales, aceites combustibles, bioplásticos y productos para el cuidado de la piel, entre otros).

Jaime Andrés Cano, director de la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB), considera que desde la biotecnología agrícola y ambiental, la entidad tiene mucho que aportarle a este nuevo desarrollo.

Desde la genética de las cadenas productivas y la investigación de las materias primas y otros procesos, se podrían generar nuevos productos con mayor valor agregado. El aguacate es uno de los que tiene buen potencial de desarrollo genético y de valor agregado. Se está utilizando la ultracongelación con nitrógeno y se están generando subproductos (dip y guacamole), que demandan los mercados internacionales.

La CIB también trabaja en el desarrollo de subproductos del aguacate (fruta y cáscara) para la producción de fertilizantes y productos para recuperación de suelos, en la cadena de cítricos, para la extracción de pectina para la fabricación de gomas, productos alimenticios y compuestos aromáticos; en el desarrollo del cacao verde (demandado en países de Asia para producir antioxidantes), en los subproductos del banano y en el café y el mango (dos de los principales productos del Suroeste).

“Hay que entender los tiempos del campo, de las cosechas, que no son los mismos tiempos de cada gobierno… Se requieren políticas de largo plazo -porque no se puede priorizar una especie cada cuatro años-, y volver a desarrollar el modelo cooperativo en el campo”, dice el experto.

Y agrega: “La Gobernación de Antioquia -con el apoyo de la Cámara de Comercio de Medellín-, tiene el gran reto de definir una denominación de origen para los productos agroindustriales, aprovechando el potencial que tenemos en la región, ojalá diferentes del café y el banano… sería lo ideal”.

Claudia Marcela Betancur, directora de la Corporación Biointropic (creada en 2014 para acelerar nuevas oportunidades tecnológicas de desarrollo productivo “de Medellín para el mundo”) dice que es una necesidad continuar desarrollando plántulas más resistentes a las enfermedades, más sostenibles y con menor uso de pesticidas.

Por ejemplo, señala la oportunidad para elaborar bioactivos para la industria, a partir de aprovechamiento de la cáscara, las semillas o las hojas de algunos árboles y el desarrollo de productos para la industria de alimentos y la cosmética con la valorización de algunos residuos, incluso para la producción de biomasa y la autogeneración de energía.

Con los mismos subproductos se podrían elaborar alimentos funcionales para mascotas o insumos para la industria de biocolorantes, un renglón que crece más de 10 % anual en el mundo. “Esto ya está pasando en el mundo… Varios países de Europa ya tienen normas para el crecimiento verde y el desarrollo de la bioeconomía, con estrategias muy definidas hasta el año 2030”.

La experta aplaude que ya exista una política de desarrollo de energías renovables y de agricultura sostenible, plasmada en el Documento Conpes 3934 de 2018. “El país está más comprometido con la economía naranja, pero ojalá se animara con la economía verde, con el desarrollo de la bioeconomía, para que llegáramos a un ‘café especial‘… el mundo está corriendo y le podemos apuntar a esta gran oportunidad”, indicó.