
Ser un instrumento de paz y transformación social para niños, jóvenes y adultos es la misión de la Fundación Toques de Vida, fundada hace 15 años por Francisco Alberto Martínez, gestor social y docente en el corregimiento de Marsella, Fredonia. Desde su vocación, identificó no solo necesidades relacionadas con la educación, sino también brechas en otros ámbitos como el económico, ambiental y social.
Fue así como nació la iniciativa Ideas para Cambiar el Mundo, una lluvia de ideas en la que participó la misma comunidad y que permitió identificar 10 necesidades a las que Francisco decidió apostar.
“Así que la fundación surgió como un deseo personal inicialmente, al que se sumaron los sueños de cientos de niños y jóvenes rurales que también querían cambiar el mundo. La fundación, básicamente, es los sueños de cientos de personas que quieren un mundo mejor”, narró Martínez.
Aunque la Fundación Toques de Vida nació como una idea hace más de una década, hace siete años tomaron la decisión de formalizarla. En varias oportunidades, al buscar apoyo económico, les insistieron en la importancia de contar con una organización formal. Fue entonces cuando acudieron a la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia y, como lo recuerda Francisco, “hubo una gran bendición”: recibieron un acompañamiento personalizado que les permitió constituir legalmente la fundación.
Pero la asesoría en creación y formalización no ha sido el único apoyo que ha recibido Francisco Martínez. También ha participado en cursos, charlas y programas como Desarrollo de Proveedores Locales, liderado por Minera de Cobre Quebradona, una estrategia a la que se sumó la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia con el propósito de fortalecer las capacidades de los empresarios de la región, especialmente en el Suroeste antioqueño.

Educación, arte y transformación social
Actualmente, la Fundación Toques de Vida cuenta con varios programas. Uno de ellos está enfocado en el ámbito educativo y comunitario y se denomina Club de Lectura, Escritura y Artes para la Vida. A través de esta estrategia, han formado a niños y jóvenes en artes y oficios, y algunos de los productos elaborados durante estos procesos se han convertido en donaciones para guarderías y escuelas.
“Nosotros enseñamos algunas artes como la carpintería y eso nos permite hacer módulos, hacer tableros y llevarlos con los mismos jóvenes a esos lugares”, explica Martínez.
La fundación también desarrolla programas ambientales con los que genera conocimiento sobre la fauna silvestre local. Los paisajes y las aves del territorio se convierten en postales gracias a los procesos de formación en fotografía, que además permiten plasmar estas imágenes en camisetas y mugs.
“Para mí es satisfactorio decirles que son más de 100 niños que han tocado por primera vez una cámara semiprofesional y han tomado su fotografía”, cuenta con emoción Martínez.
El fundador recuerda que también han invitado a adultos entre los 69 y los 79 años a tomar su primera fotografía. Aunque al principio sus rostros reflejan temor al sostener una cámara, el resultado termina siendo satisfactorio: la alegría aparece cuando observan por primera vez, en una imagen tomada por ellos mismos, ese paisaje que durante años han visto con sus propios ojos.
Esa es una de las formas en las que la fundación acerca la tecnología a los territorios y demuestra que nunca es tarde para aprender, explica Martínez.

El territorio como aula de aprendizaje
Para Francisco, la educación debe tener sentido y estar conectada con las realidades de quienes la reciben. Por eso, considera que el territorio puede convertirse en el mejor escenario para aprender:
“El mejor aula de clases es el mismo contexto donde viven los niños; que ellos sientan que cuando llegan al colegio van a aprender algo que pueden llevar a su territorio y que desde el aula de clase pueden tener ese laboratorio de paz, de transformación social que se requiere para que ellos sientan que la educación tiene sentido. Hablo de la pertinencia educativa: estamos educando, ¿para qué?, ¿cuál es nuestra finalidad como maestros, pero sobre todo cuál es la finalidad como ciudadanos colombianos con un país que demanda tantas necesidades?”
El trabajo de la Fundación Toques de Vida no se ha limitado a la población rural de Fredonia. Sus iniciativas también han llegado a municipios como Jardín, Jericó, Támesis y Urrao, llevando experiencias de educación, arte, tecnología y transformación social.
“No damos para llegar a todas partes realmente, pero la voluntad de servir y de poder compartir nuestras experiencias no tiene fronteras”, concluyó Martínez.
Escucha aquí la historia completa en la entrevista del programa Emprendedores de Cámara FM 95.9.